jueves, 10 de noviembre de 2016

Els 2900, coronando 7 cumbres andorranas en una sola carrera



Por Ana Aboal Beloso

¿Te imaginas una carrera cuyo contenido sean las 7 cumbres más altas de Andorra? Con esta premisa nace Els 2900, una carrera que ofrece a sus participantes la posibilidad de disfrutar de un recorrido de alta montaña en uno de los parajes más bellos de Europa. A pesar de ser una carrera relativamente joven, Els 2900 ya ha conseguido hacerse un hueco en el selecto club de las carreras más impresionantes dentro del circuito de trail. Pero, ¿cómo nació esta carrera, que en solo 2 años ya se ha convertido en una de las más impresionantes de Europa? Os lo contamos.

Els 2900 nació gracias a la iniciativa de dos personas que un día se propusieron enlazar las 7 cumbres andorranas superiores a los 2900 metros seguidas. Poco tardaron estos dos pioneros,
Matt Lefort y Carles Rossell, en darse cuenta de que más que un reto personal para ellos dos, este recorrido merecía ser convertido en carrera, y se pusieron manos a la obra.

En 2014 Els 2900 aparecía por primera vez en el calendario de carreras en el año 2014 con lo que sus creadores llaman “Edición 0”, una primera edición de prueba con corredores test que, huelga decir, fue todo un éxito. En 2015 se celebra por fin
la primera edición oficial de la carrera, pero la inscripción no está abierta para todos: los y las 50 participantes que disfrutarán de este recorrido son elegidos por los organizadores en base a un dossier.

La más técnica y dura
Y es que Els 2900 no es para todos: se trata, según la definen ellos mismos, de “la carrera más técnica y dura del circuito actual de carreras de su estilo”. La salida de la carrera está situada el Refugio del Estany de la Pera y su recorrido nos llevará por diferentes refugios donde podremos compartir esta aventura con otros corredores, así como los desayunos, comidas, cenas y las excursiones de aproximación.



Que sus creadores la definan como una carrera técnica y dura no es casual: su recorrido de 70 kilómetros incluye vías ferratas y en cordadas, y alrededor de 6.700 metros de desnivel. Debido a la juventud de esta prueba es difícil hablar de récords, pero de momento en 2015 los mejores tiempos han sido: 14 horas y 48 minutos en la categoría masculina para Jokin Lizeaga y 21 horas 51 minutos para Sonia Regueiro Rodríguez en la categoría femenina. Además de los 50 participantes que toman la línea de salida, Els 2900 cuenta con la colaboración de 70 voluntarios que, entre otras cosas, se encargan de recoger todo al paso del último corredor. La organización de Els 2900 es consciente de que sin una montaña limpia de residuos, su carrera no podría sobrevivir, por lo que toda la basura es recogida siempre inmediatamente.

Sus organizadores entienden que estar tantas horas en la montaña, sin más compañía que uno mismo, no es fácil. Por eso entienden la importancia de medidas de seguridad como una pulsera identificativa con GPS que la organización entregará a cada uno de los participantes, gracias a la cual se puede dar una información más amplia de cada persona en caso de ser necesario. Además, gracias a estas pulseras se puede controlar la posición de cada uno de los participantes en todo momento durante la carrera, lo cual facilita las labores de los servicios de emergencia en caso de accidente. Es una de las carreras más jóvenes de trail, pero está claro que Els 2900 ha llegado para quedarse y sus organizadores están cada día más convencidos del potencial de su carrera, por lo que planean hacer muchas modificaciones para la carrera de 2017.

Scott Els 2900 [Official Trailer] from Els 2900 Alpine Run on Vimeo.

Suecia vence a la prostitución


http://www.bhkrf.se

Si algo caracteriza al sueco, y al idílico sistema social perpetuado de forma increíble, es la capacidad de síntesis. Una extraña manera de ver la vida, de entender la democracia, que logra fundir armónicamente las maneras comunistas con los derechos liberales sin levantar por ello un mínimo trastorno. Sólo así se explican los métodos sociales que atraen a politólogos de medio mundo. La caída de los niveles de prostitución es un buen ejemplo.
La tradicional neutralidad de los gobiernos ha convertido a Suecia en un paraíso de la libre circulación, con una flexibilidad tal en sus fronteras que es imposible caminar por una calle de Estocolmo sin escuchar al menos un par de idiomas que no sea el sueco. Ello implica, por supuesto, que el tráfico de seres humanos sea más sencillo que en otros países europeos y la prostitución sea difícil de atajar. En Finlandia, otro Estado de rigor democrático, se estima que cerca de 20.000 mujeres son víctimas del tráfico sexual durante el año, lo que contrasta espectacularmente con las 300 que ostentan los vecinos suecos, a pesar de que hace una década las cifras eran similares que las manejadas en el país finlandés.

Son víctimas
Suecia ha logrado anular de tal forma los índices de la prostitución en las calles de sus ciudades que sorprende a cualquiera por su ingenuidad. Si hasta el momento la prostituta era la culpable principal del acto delictivo y el cliente un mero trasgresor moral, el gobierno sueco dio la vuelta a la tortilla e introdujo en 1999 una ley en donde la máxima principal es: «la prostituta es una víctima que necesita ayuda y el cliente un explotador que debe ser castigado». O lo que es lo mismo, se penaliza la compra de servicios sexuales y se despenaliza la venta de ellos. Sin más. La norma indica que en Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños, por lo que la igualdad de género continuará siendo inalcanzable «mientras los hombres los compren, vendan y exploten prostituyéndoles». Por esa misma razón se comprende que el simple hecho de contratar los servicios de una prostituta es considerado como malos tratos. El gobierno ha decidido cortar el bacalao por donde más duele y penalizarlo en el mismísimo Código Penal. Y no es una frase hecha: torsk (bacalao, en sueco) es la denominación que recibe el hombre que desea contratar servicios sexuales y que, tras la ley, se convierte además en un delincuente. La pena es de cárcel por un mínimo de dos años y un máximo de diez. El intento, la preparación y la conspiración para realizar la trata de seres humanos con fines sexuales, así como el hecho de no denunciar tal delito, no sólo son también punibles, sino más castigados incluso.


Policía
A pesar de todo, la iniciativa a punto estuvo de fracasar los primeros años, cuando los resultados eran desalentadores. Nada parecía cambiar en Suecia, para satisfacción de aquellos que lo pronosticaban, hasta que la policía se concienció completamente del problema y entendió la filosofía de la normativa. Los agentes recibieron la formación necesaria para tomárselo en serio, mientras las propias prostitutas que decidían dejarlo tenían acceso a importantes fondos económicos aportados por el Gobierno sueco.

                                                 




La policía sueca, más formada sobre la trata de mujeres / svd

Lo cierto es que un buen sueco no sólo rehúsa solicitar un servicio sexual de pago, sino que repele cualquier tipo de indicio delictivo. Quizás sea porque los ciudadanos poseen un compromiso con el Estado tan estrecho que nada puede transgredirlo. Y mucho menos las leyes. Basta que lo diga "Papá Estado" para aceptarlo con orgullo, sea cual fuere el color del gobierno. Hay quien opina que el sensacional desarrollo de la sociedad del bienestar de la que gozan los países nórdicos propicia que se discutan asuntos que bien parecerían banales en otras latitudes. También es cierto que la cultura de la discusión y el orden está tan enraizada en Escandinavia que a nadie le sorprende que diariamente se aborden con pasión temas variopintos, que todo el mundo enriquece con opiniones y postulados de difícil consenso general.


¿Hipocresía o justicia social?
Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Suecia –al igual que cualquier país de su entorno, admitámoslo- intenta conciliar una doble moral entre lo que se ve y lo que esconde. ¿Quiere decir, por lo anteriormente descrito, que en Suecia existe un rechazo en bloque sobre la prostitución? Ni mucho menos. Nadie defenderá la compra de sexo, por supuesto, pero nada impide que, de una forma u otra, con mayor o menor dificultad, un individuo pueda negociar los servicios de una prostituta. Sin embargo, el debate permite que emerja otra pregunta: ¿deben ir las leyes por delante de la sociedad o debe ser ésta, en un alarde de convivencia, quien marque las pautas de lo que está bien o mal? No se puede negar que, sobre este espinoso asunto, Suecia ha sido valiente y ha rescatado de la oscuridad un drama contaminado por tanta hipocresía. Y una cosa es cierta: al contrario que otros estados de la Unión Europea (les aseguro que no hará falta echar mucho la vista al horizonte) lo que está marcado por la ley es indiscutible. Es decir: claro que existen siempre personas dispuestas a violar la ley, pero, a diferencia de esos otros países (¿ya se ha percatado usted de cuáles, querido lector?), a nadie se le pasa por la cabeza vanagloriarse de haber infringido la norma, puesto que es en ese momento cuando la sociedad (“Papá Estado”) reprime cualquier intento de regatear semejante escarceo. Los conocidos como “bares de alterne” simplemente no existen. ¿Disfraz social o justicia general ? ¿Que no se vea la prostitución significa que no exista o es, al contrario, una buena forma de convertir en anormal algo que hasta ahora no lo era? ¿Mejor prohibir la prostitución o es preferible incluirla en el régimen de autónomos para que, “ya que no se puede evitar”, al menos el Estado pueda sacar provecho y exista una cobertura legal de las mujeres? Vivimos en el siglo XXI, y el debate sigue abierto.